Una ligera llovizna caía sobre aquel pequeño pueblo en medio de las montañas, cuya belleza era capaz de cautivar a cualquiera. Everard, miraba a aquella mujer de ojos vivaces que no paraba de parlotear cosas que no le interesaban, o, al menos, de eso trataba de convencerse. Gemma tenia los labios llenos de Emma, de su inteligencia, su bondad, y de como siempre se esforzaba por salir adelante. No había recibido reproche alguno a pesar de que se esperaba que aquella mujer a la que abandono sin má