Maria
El viaje en coche desde el hospital fue silencioso y pesado. Adrian conducía con un cuidado excesivo, con los nudillos blancos contra el volante cada vez que pisaba el freno. A mi lado, en el asiento trasero, Elena apoyaba la cabeza en mi hombro, con el cuerpo todavía sacudiéndose levemente cada vez que un par de faros pasaban zumbando por nuestras ventanillas. Cuando Adrian finalmente se detuvo junto al bordillo frente a la casa que compartía con Diego, la desperté con suavidad.
—Te ve