Perspectiva: María Martínez López
Las cortinas de terciopelo de la suite del hotel estaban abiertas, revelando una vista panorámica del horizonte de París: un tapiz infinito de luces ámbar y las curvas plateadas del río. Me puse de pie frente al espejo alto y ornamentado, y sentí que me faltaba el aliento. Llevaba un vestido verde esmeralda; la tela caía en pliegues suaves y líquidos a mi alrededor, capturando la luz con cada movimiento que hacía.
Emmy estaba detrás de mí, sus dedos moviéndose