Perspectiva: Carlos Rivera
La luz azul de los monitores de la oficina proyectaba un resplandor largo y frío sobre mi escritorio. Era tarde, esa clase de hora en la que la ciudad exterior se convertía en una mera sugerencia de faros en movimiento y zumbidos rítmicos y distantes. Mi atención ya no estaba en las torres de cristal del distrito financiero; estaba en el mapa de un pequeño valle bañado por el sol, a miles de kilómetros de distancia.
Estaba revisando la fusión logística final de nuestr