Elena:
Mis ojos se impregnan en el techo de la habitación, ni siquiera soy capaz de llamarla mía porque jamás podré sentirla como la anterior. Esta nunca será mi casa y este nunca será mi rincón de sueños y descanso. De hecho, aún ni en la tranquilidad del baño, ni en el acaparador silencio de estas cuatro paredes, gozo de privacidad. Más bien siento que todo lo que hago está siendo captado por ojos invisibles.
Con las manos entrelazadas sobre mi vientre, viajo a las palabras de la señora Hade