89: El abrazo.
Territorio de la manada Silver Lake.
Esther Coback.
Él no dice nada mientras preparo el desayuno. Ya me di cuenta que sabe que ya comí, pero me sentí tan mal en arrebatarle la ilusión de cocinar que tuve que mentir. Me reprocho eso, porque se supone que no debo actuar así; sin embargo, es inevitable.
Todavía lo odio, sé que eso no se irá de mi pecho tan rápido, pero se me hace imposible estar molesta con él. No después de todo lo que sentí y pasó anoche.
Que nombrara a su compañera muerta me hi