Mundo ficciónIniciar sesiónLa tarde caía, Andrómeda y Edward dejaban volar sus melenas en el aire, el convertible del rubios les proporcionaba diversión extra.
- ¡Uhhhuuu! ¡¡Esto es genial Eddy!! - decía Andrómeda mientras los ojos celestes de Edward admiraban la belleza de su piel nívea, ya habían cobrado el cheque de la cobriza, y ahora se dirigían a la tienda de André para comprar botana y bebidas para sobrellevar la tarde de est







