Decidió dejar de acechar en las sombras como una acosadora e hizo notar su presencia, a lo que de inmediato el rey se puso rígido y la volteó a ver con ojos amplios.
—Regresaste —murmuró con incredulidad y ella rodó los ojos.
—Claro, ni que fuera a abandonar a mi hija aquí contigo —ironizó con frialdad—. ¿Cómo se comportó hoy? ¿No hubo problemas? —Amaba a su chiquita, pero sabía que podía ponerse un poco intratable, más si ella no estaba cerca.
—No, en absoluto. —Sonrió un poco, viendo con a