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Capitulo 6: El Alfa recupera el vínculo con su Luna.

Elias pasa las manos por la cara, al recordar el estado como lo habían rescatado:

—Es verdad, tenías una herida profunda en la cabeza, aparte de otras heridas, por eso pensamos que había sido en alguna guerra, tenías tu uniforme de otra manada.

Piensa que nada pasá por pasar, detrás de todo siempre encontramos algo mejor que lo que nos pudieron quitar.

Dentro del castillo, Aura le pregunta:

—¿Que te hizo Doirían?

Selene decide hablar con la verdad:

—Dorian me sacó a la fuerza de la casa de mis padres de crianza, el Omega Kaelen no pudo hacer nada, él llegó con varios guerreros, los sometieron a él y su esposa, mis hermanos no estaban allí, me hubieran defendido, me tuvo encerrada en el sótano por tres meses.

Nunca pudo entrar, siempre había alguien que se lo impidia, era otro Alfa que me reclamó como su mate, él me había marcado, antes de ser llevada contra mi voluntad a la mansión del Alfa Dorian.

El día que me ordenó estar en el altar, fui para evitar que tome represalias contra la familia que me crió, ese día me rechazó delante de toda la manada, tenía otra elegida para él, la presentó a la manada como su Luna.

Ordenó mi destierro, me mandó a sacar de su territorio de noche, el Omega y el Beta idearon una estrategia para dejar rastro de sangre, de manera que el rastreador pierda mi rastro.

—¿Quién es la elegida de Dorian?

—Morgana una loba de otra manada, no es buena, tiene una sombra oscura alrededor de ella, su fragancia es a tierra húmeda, a ella si la aceptaron, a mí me despreciaron por ser una híbrida sin Loba, el Alfa que me marcó me estuvo cuidando en el trayecto del camino.

El Rey Alistair que había escuchado, se dejó escuchar:

—Dorian pagará por haberse atrevido a mantenerte en las sombras, por la humillación en el altar, por el destierro.

La Reina Aura le habla con ternura:

—Por ahora descansa, debe recuperar fuerzas, hay muchas cosas que debemos hablar, vamos por paso.

Selene ya más tranquila, se refugia en brazos de su madre, les informa:

—Mami y Papi no se vayan, quédense conmigo, les quiero hablar algo importante.

El Omega Kaelen, mi padre de crianza me dijo que buscará a mis verdaderos padres, nunca imaginé ser la hija de los reyes de Luna Plateada, como tampoco pensé salir viva del bosque. No quiero que nos volvamos a separar… Tampoco quiero que mis pequeños pasen por lo mismo que yo pase.

Su voz sale quebrada por los sentimientos encontrados y la sorpresa de estar frente a sus verdaderos padres, las lágrimas corren por sus mejillas, Aura y Alistair la abrazan y sienten el vínculo fortalecido entre los tres.

Alistair conmovido por la actitud protectora del Omega Kaelen, le promete a su hija:

—Tendré en cuenta al Omega Kaelen y su familia, al igual que al Beta Fenris y su familia, el día que necesiten les ayudo.

—Gracias Papi, ellos fueron solidarios conmigo, nunca me rechazaron por mi loba no presentarse.

En la parte norte fuera del castillo, Silas pasa y observa los entornos del lugar, intenta comunicarse con su Luna, su vínculo se había apagado, esto le preocupa, se dice para sí mismo:

—Selene ¿dónde estás? porque no siento tu aroma, contesta por favor.

Estando sumido en sus pensamientos, el Omega Elías le habla:

—Omega Silas le presentó a Elián y Eiran son dos Deltas, los estoy entrenando, ellos son dos futuros Omegas.

Silas levanta la mirada, al verlos él los reconoce, al igual que ellos a él y aún así guardan silencio en espera de alguna orden de él.

Silas ve la lealtad de la pareja de Deltas hacia él y rompe el silencio, le da a conocer al Omega Elías:

—Está bien que entrene a la pareja de Deltas, ellos son hijos del Omega Kaelen, les voy ayudar con el entrenamiento.

—¡Omega Silas gracias por la ayuda!

—¿Dónde están Alan y Aran?

—Ellos están por el frente del castillo, vamos para allá, hoy estamos de guardia. Gracias Omegas Silas y Elías no tenemos cómo pagar la oportunidad que nos están dando.

Elián les habla con una sonrisa renovada, antes de retirarse Eiran le habla:

—Omega Silas gracias… Lo veo preocupado, si es por nuestra hermana menor, ella está a salvo aquí. Pronto se comunicará contigo.

—Eiran gracias por la noticia, así me quedo tranquilo sabiendo que ella está a salvo.

El Omega Elías muestra agrado hacia los dos Deltas:

—Tienen una buena referencia con el Omega Silas, son mis amigos y los vamos a entrenar entre los dos, el Beta lo más seguro es que entre en el entrenamiento, él los aprecia.

En el castillo, Selene sigue bajo los cuidados de los Reyes, ha recuperado sus fuerzas, ese día se había despertado temprano, la doncella encargada de atenderla había estado al pendiente, de preparar la bañera con espuma, no la dejo ir a bañarse sola por temor a que se maree, la ayuda y le lavo el cabello, le dice con admiración:

—Princesa, su cabello es hermoso, me permite cortar las puntas, para fortalecer el cabello, si mi majestad lo aprueba.

Selene la mira viendo sinceridad en ella, le aprueba la solicitud:

—Sí Sol, te doy permiso para que me cortes las puntas del cabello, se me empezó a caer un poco.

—¡Princesa, le ha gustado el batido de mora con leche, es para tener presente y traer temprano el vaso con el desayuno!

—Me extraño que hoy no me haya traído ese batido, si me gusta cómo me lo está preparando.

Después de ayudar a la princesa con su aseo personal, la deja vestida con la ropa que la Reina había escogido para su hija con esmero, sale a cumplir una de sus órdenes.

Los Reyes entran sin llamar, Selene mira por la ventana, al escuchar pasos a sus espaldas se da la vuelta, al ver a sus padres sonrió y fue a sus brazos, ellos la reciben con los brazos abiertos, le dan besos en su carita, por primera vez le escuchan su voz de Luna, es armoniosa y con autoridad:

—¡Papi y Mami los estaba extrañando!

Alistair sonrió al hablar con su pequeña:

—Hija de mi corazón que alegría verte de pie, también te estaba extrañando, no había venido antes estaba ocupado con asuntos del Reino, ya estoy libre para ti, te amo.

Selene los mira con los ojos rebosando de amor por sus padres, con una voz suave le contesta:

—Papi te amo mucho más y estoy feliz de estar a tu lado, Mami te amo los dos son importantes para mí, nunca pensé que me fuera a reunir con mis verdaderos padres, Nuestra Madre Luna nos ha bendecido.

Aura sin dejar de acariciar la cara de su hija, le dice con ternura:

—¡Mi Selene, te amo hija, todavía esto me parece un sueño, verte aquí con nosotros, vamos a tener nietos, somos una familia completa, falta que tú Alfa se una a nuestra felicidad.

Alistair y Aura la ayudan para ir con ellos al comedor, le tenían un almuerzo especial para darle la bienvenida al castillo. Él retira la silla para que su hija se siente en su puesto, ellos se sientan a cada lado, una de las doncellas les lleva y sirve los alimentos, Aura y Alestair le hacen comer de todo, la ensalada que le encanta se la sirve a su hija, la ve comer y decir:

—Mami está ensalada es deliciosa, ¿que tiene para que sea del agrado al paladar?

—¡Está preparada con verduras y durazno y el aderezo lleva jugo de durazno para darle mejor sabor, es mi favorita, me alegra que compartamos gustos similares, ¿no te has vuelto a marear?

—Sí Mami, en algunas ocasiones, me siento mucho mejor con sus cuidados, Papi ¿le gusta la misma ensalada que a mi Mami?

—Si hija, me gusta la misma ensalada que a Aura y a ti, la crema de maíz es buena, toma un poco, de manera que puedas degustar de todos los platillos, Aura se esmero por seleccionar todo.

Al terminar de comer, fueron a la sala, la doncella encargada de atenderla le informo:

—Princesa, me avisa cuando le debo traer el postre, lo preparé a como lo ordenó.

—Ya lo puede traer Sol. Para nosotros tres y gracias.

La doncella se retira a cumplir con la orden dada por la princesa, tarda cinco minutos en regresar, en una bandeja de plata tenía las tres copas con los helados les da a cada uno y se retira, Aura lo prueba y comenta:

—¡Hija más parecernos imposible, tenemos los mismos gustos, tienes el carácter de tu padre, gracias por compartir tu postre con nosotros!

Dos horas más tarde, Selene es llevada a la habitación, mirá por la ventana, no había podido establecer el vínculo con su Alfa, esto le preocupa:

—¿Silas dónde estás?

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