Al día siguiente y sin vientos helados, y sin tormenta, Ares cumplió su promesa y la acompaño a la casa de los Marshall, los padres de Hanah.
A través de la ventana del coche Hanah contemplaba las frondosas colinas del condado de Snowfiel cubiertas de nieve, y de árboles vestidos de blanco. Con el corazón desbocado.
Habían dejado atrás las afueras del pueblo hacía diez minutos y estaban apenas a dos minutos de la casa, la gruesa capa de nieve de la carretera hacia que el conductor fuera más len