La puerta se abrió de manera abrupta haciendo que Hannah junto a las chicas dieran un gran salto. Un hombre de gran estatura y piel blanca se dirigió hacia ellas con un libro en sus manos, sin preguntar las nombró uno por una. Su mirada penetrante parecía escavar dentro de sus mentes, hasta que Rosi se puso delante de él.
_¡Cómo te atreves!, lo que haces está prohibido, no puedes escarbar en la mente de otros, gruñó molesta.
_Su presencia aquí es muy sospechosa, eso me dá el derecho, además, es