Dos semanas pasaron y finalmente el ruso se había establecido en Edimburgo, la sociedad iniciaba y con ello el trabajo mano a mano.
Alastahir no estaba muy convencido de aquello, después de todo a él no le gusta que lo estén estudiando o analizando su manera de hacer las cosas, pero ver a su mujer emocionada por trabajar y conseguir ese contrato, lo apacigua.
Freya miró a su hombre con una sonrisa, ha pasado gran parte de la mañana probándose ropa para estar perfecta y que a su ogro malhumorado