James
No sé qué es lo que pasa por mi mente cuando se me ocurre pedirle salir de ahí conmigo. Verla tan indefensa e inocente me provoca una gran necesidad de protegerla de todo y de todos. Odié ver cómo la trataron sus compañeros de trabajo. Ella me mira con los ojos muy abiertos, sorprendida por mi repentina proposición.
—¿Salir? ¿A dónde? —pregunta con un tono de voz suave.
—No lo sé, a donde tú quieras.
—Pero no puedo abandonar mi puesto de trabajo —se apresura a decir.
—No te preocupes, yo