—¿Ya puedo retirarme? Aún tengo otras cosas que debo hacer.
—Dime algo, ¿de seguro no tienes algo que decirme?
En ese momento paso saliva con dificultad. Me está tuteando de nuevo y me está preguntando directamente si tengo algo que decir. No quiero decirle nada.
—No, ¿por qué crees que tengo algo que decir?
—Porque desde que me viste, no has dejado de actuar extrañamente, como si quisieras ocultar algo —suelta directamente y casi me atraganto con mi propia saliva.
No puedo creer que ahora