Dalila.
-Bueno, supongo que la raza estaba destinada a morir entonces. - Dije encogiéndome de hombros.
Habían pasado tres semanas desde que habíamos salido de Trueno con el Alfa pisando nuestros talones. Gracias a que Kell me había hecho caso, ahora nos encontrábamos en una linda villita propiedad de Carl. Yo me he dedicado religiosamente a obtener el bronceado perfecto mientras las felices parejas se toman muy en serio lo de repoblar la tierra. Charlie, Adam, los cachorros y yo disfrutamos de