De repente recordó que este es el hospital, en el que estuvo Clara.
Alejandro hizo silencio por un minuto, respirando profundamente, con sus labios finos y secos y susurró: —Rodrigo, creo que ...... debe gustarle a ella.
¿Qué?
El cigarrillo entre los labios de Rodrigo t tembló tres veces, y casi se cayó.
Aunque la gente podía observar, que Alejandro llevaba largo tiempo enamorado de Clara sin darse cuenta.
Pero escuchar a este bastardo admitir este hecho con sus propios oídos todavía hacía que l