El frágil cuerpo de Noa temblaba ligeramente en sus brazos, una inocencia y pureza que resultaba irresistible para Rodrigo en ese momento. Aprovechando la influencia del alcohol, se volvió aún más audaz. Noa notó cómo su campo visual se movía, y pronto el imponente contorno de aquel hombre la envolvió, hundiéndose en el sofá.
El aliento de Rodrigo se volvió agitado, y a pesar de su naturaleza invasiva, sus labios permanecieron unidos a los de ella, enredándola y devorándola. Mientras tanto, la v