—Señorita ya se ha ido a dormir, Señor Pérez, mire...
—Aarón, ¿Ahora te estás confabulando con ella para así poder engañarme? Si que estás empezando a tener mucho coraje, ¿verdad?
Diego rara vez se enojaba, pero cuando lo hacía, su enojo era imponente. —Te lo diré una vez más, haz que Clara conteste el teléfono, ¡En caso contrario después del amanecer ya no serás el secretario de la señorita!
El corazón de Clara latía como un tambor, verdaderamente asustada, tomó el teléfono y lo acercó a su oíd