Leonardo finalmente se dio cuenta de que Pol estaba tratando de saldar cuentas pendientes con él hoy. Su rostro se puso lívido, sus puños fuertemente apretados, su cuerpo entero rígido como una estatua.
Todas las miradas de sorpresa se centraron en su rostro rígido, incluyendo las de Simón. El aire se tornó muy denso, y el ambiente quedó sumido en un extraño silencio.
—Pol, ¿qué estás diciendo? —finalmente rompió el silencio Simón, con tono de perplejidad y precaución.
Leonardo, acostumbrado a l