Rodrigo regresó a la sala con una expresión bastante sombría, justo cuando Luisana había logrado calmar a Noa y bajaba en ese momento las escaleras.
Levantó la mirada melancólicamente y sus ojos se encontraron brevemente, lo que la hizo bajar la cabeza con gran rapidez.
—Deja de bajar la cabeza todo el tiempo, ¿por qué lo haces?
Rodrigo frunció el ceño con gran irritación, se sentó en el sofá y sacó un cigarrillo, pero recordó claramente que a Noa no le gustaba el olor a humo, así que no lo ence