Javier, al escuchar esto, dejó de bromear y su expresión se volvió más seria y grave. —Clara, no te emociones demasiado, la ira es muy perjudicial para la salud —dijo Alejandro con cejas fruncidas mientras tranquilizaba suavemente a la mujer temblorosa, tomándola con ternura de la mano. —Especialmente después de comer, con tu estómago sensible, la ira puede dañarlo.
Clara, incapaz de calmar su indignación total, se dejó caer en la silla, y el hombre la envolvió de inmediato en sus brazos, dándol