Julio sostenía tembloroso una taza de agua. —Creo que debería preparar un testamento cuanto antes, sobre la distribución de mis propiedades.
Rubén se sintió bastante seco en la garganta. —¡Julio!
—No te preocupes. Familias como la nuestra, a mi edad, ya deberíamos estar preparados para lo inesperado.
Julio miró seriamente a Rubén. —Rubén, estas cosas tan delicadas no puedo decírselas a mis esposas. Son mujeres de corazón tierno, incapaces de soportar este tipo de temas. Tampoco puedo decírselo a