—Esperanza, hace tiempo que no nos vemos, pero mantienes tu maravilloso encanto—el hombre miraba detenidamente el rostro de Esperanza, tan frío como la luna, y sonreía con ligereza.
—Agradezco los elogios, señor—respondió Esperanza con dignidad, sin humillarse ni ser altiva.
—No es en vano que Pol te haya entrenado personalmente durante tantos años. Eres muy gentil, tranquila, elegante y majestuosa. A veces, incluso siento que eres Clara. Esperanza, eres la doble más perfecta que he visto.
Esper