—¡Mamá! ¡Papá ha enviado a alguien para buscarte, ten cuidado!
Mientras tanto, Rodrigo vio aparecer a Clara. Ella era la única mujer entre todos los hombres jinetes, y ellos la animaban ruidosamente, gritando: —¡Clara, te ves genial! ¡Vamos!
Noa, que estaba cerca, no mostró ni un indicio de desagrado. En cambio, apretó los puños con gran emoción, con los ojos claros brillando como estrellas, llenos de total expectación.
La gente de la familia Rodríguez frunció el ceño.
Pensaron que Rodrigo esta