—Pol, he oído que Julio y los demás están aquí. Sal para recibirlos; debemos mostrar la hospitalidad adecuada y no descuidar a nuestros amigos—Simón insistió, elevando su voz a propósito para que las familias Rodríguez y Hernández pudieran escucharlo.
El mensaje implícito era bastante claro: aparte de la familia Pérez, nadie más en la sala merecía el trato especial de la familia García.
Enrique y Mateo compartieron una mirada sombría, creando una atmósfera bastante incómoda y tensa.
—Sí, papá—re