Pero el alma parecía haberse ido en ese instante, como si se hubiera alejado del lado de Alejandro, separándose de este hermoso cuerpo.
Diego suspiró suavemente, desabrochó un botón de su camisa y sacó con gran delicadeza una cruz de plata que llevaba consigo desde hacía muchos años.
—Cuando Alejandro despierte, dale esto—dijo Diego mientras colocaba el collar en la palma de Clara y cerraba sus dedos alrededor de él.
—Hermano mayor, ¿qué es esto? — preguntó ella con los ojos ligeramente abiertos