—Alejandro— Odalys se levantó y se acercó a él con una sonrisa muy radiante.
—Odalys.
—El cervatillo en tu casa estaba herido. No te lo dije y lo vendé por mi cuenta. Espero no haber infringido las reglas de la familia Hernández, ¿no me culparás por esto, ¿verdad? — Odalys inclinó sus ojos llenos de afecto.
Su voz era muy suave y melodiosa, con un ligero tono ascendente que sonaba muy gentil.
Alejandro mostró gran indiferencia en su mirada, manteniendo así su distancia. —No me importa. Odalys, a