Daniela entró y, a primera vista, vio a la mujer parada muy tranquila en el vestíbulo de la administración.
Esta mujer tenía el cabello rizado, no era joven, pero tenía una apariencia muy aceptable, aunque el maquillaje pesado ocultaba muy bien sus rasgos originales.
El niño a su lado era bastante alto y en ese momento estaba absorto en su videojuego, maldiciendo una y otra vez en voz baja.
No mostraba ni un rastro de nerviosismo o arrepentimiento alguno.
No parecían madre e hijo.
—Trece añ