Me quedé mirando su espalda, hasta que el fuerte ruido de la puerta al cerrarse me hizo volver en mí. Armando se había ido así, sin más. Esta noche le había dicho todo con tanta claridad que, a partir de hoy, nuestra relación debería haber terminado.
Si esto se acababa aquí, ya no tendría que sentirme culpable al estar con Manuel. Podría salir con él sin ninguna carga.
Mientras pensaba en esto, una leve sonrisa apareció en mi rostro. Pero, ¿por qué sentía tristeza en mi corazón? ¿Era por Armando