Seguí tosiendo sin parar, creando un ambiente incómodo. Manuel se acercó y me palmeó suavemente la espalda. En ese momento, nuestra cercanía podría malinterpretarse como algo íntimo.
El gesto considerado de Manuel me reconfortó. Tal vez sin amor de por medio, pero pasar la vida con un hombre tan atento y amable seguramente me haría feliz.
Levanté la mirada y le sonreí levemente. Mi aprecio por él había aumentado, aunque solo era aprecio, no ese tipo de atracción especial.
—Debiste decir que no b