¡Qué asco de persona!—Me enojé tanto que tomé el café que tenía a mano y lo arrojé directamente a la cara de Damián.
—¡Jazmín, ¿qué estás haciendo?!—Damián, empapado de café, se limpiaba frenéticamente la cara con una servilleta, mostrando signos de descontrol.
—¡Un desgraciado como tú merece esto!—Lo miré fríamente mientras decía estas palabras, luego me di la vuelta y me fui sin mirar atrás.
En el camino de regreso a casa de Gala, mi estado de ánimo se volvió cada vez más sombrío. Ahora estoy