Ezequiel estaba enfermo y había perdido mucho el apetito, así que Mariana le preparó con esmero una sopa y se la dio a comer. Luego, lo ayudó con cariño a lavarse las manos y la cara. Después de todo esto, ya era medianoche.
Cuando vio que el anciano se había dormido, Mariana se sintió muy aliviada y se dirigió al cuarto. Después de asearse, estaba tan agotada que apenas se acostó, cayó en un sueño profundo.
Mateo regresó del aeropuerto a las dos de la madrugada. Estaba exhausto, además de sufri