119. La última conversación
El día siguiente amaneció gris, frío y absolutamente silencioso.
Por supuesto, seguían pasando coches, la gente salía de casa para ir a trabajar y los niños iban al colegio. Pero el ruido que había, ese sonido típico al que los oídos de Emanuele estaban acostumbrados, no podía penetrar en la enorme burbuja de silencio que la rodeaba.
La llamada del delegado del día anterior era una respuesta que había estado deseando recibir, pero ahora que sabía que el último deseo de su hermana era verla, un