Narra David de María
–No te entiendo Lisa, solo tenías que quedarte callada, ya que tenías que revolver más las aguas. – No me pude contener y discutí con Lisa.
–Se me salió de las manos, ni me di cuenta, en que momento ocurrió. – Esas no eran escusas.
–Ya no digas nada, por favor, cállate de una vez. – Dije cabreado.
Estaba a punto de hablarle con mis sabidas groserías. No tenía el derecho de decirle eso a Alondra y la hice sentir esa noche, peor que una basura. No podía creer, que apenas hab