El territorio de la Manada Luna de Sangre se extendía a lo largo de tres estados, empequeñeciendo las modestas tierras de la Manada Sombra de Tormenta.
Observando desde el auto de Emma, entendí por qué Guillermo y Catalina siempre le habían temido a Alejandro.
—Toda su manada podría caber solo en nuestros terrenos de caza —me explicó Emma mientras conducíamos—. Necesitan nuestros recursos para sobrevivir, madera, presas y rutas comerciales.
—Bienvenida a casa, hermana —me dijo Alejandro cálidame