Sage irrumpió en su oficina y buscó el interruptor en la pared para encender la luz. Todo estaba en silencio; el único sonido que se escuchaba era el tic-tac del reloj en la pared. Avanzó tambaleándose hasta su silla ubicada en el centro de la oficina y se dejó caer en ella, con los codos sobre el escritorio y la cabeza entre las manos, mientras el peso de sus acciones lo aplastaba como una fuerza física.
El recuerdo del rostro shockeado de Aurora cuando la lanzó al otro lado de la habitación n