Ares sonrió cariñoso y me guió hasta sentarme en nuestro sofá lleno de pelos grises de May. Con un beso en la frente, dio un paso atrás.
—Espera aquí —ordenó, y me mantuve sentadita con mis manos golpeando ansiosamente mis rodillas mientras lo veía subir a nuestra habitación y esperando a que regresara.
Cuando sucede, me da un pequeño estallido de ansiedad cuando lo veo cargando dos paquetes. Uno muy pequeño y otro grande. Y tengo que controlarme para esperar pacientemente hasta que Ares se sie