—Qué sub tan adorable, Bailey. —comentó Sera con una sonrisa ladina, aún acariciando al hombre a su lado. —¿No quieres prestármela? Prometo cuidar bien de ella.
—Esa no es una posibilidad.
—Qué dom tan celoso… —Rezongó, pero terminó suspirando, resignada.
Momentos después, Ares pagó por los objetos que decidimos llevarnos a casa y salimos de la mazmorra, caminando de regreso al auto antes de regresar al departamento.
—Voy a darme una ducha. —dijo cuando llegamos a casa, ya quitándose el abrigo.