Julian Anderson tenía los ojos muy abiertos hacia su ordenador. Era temprano en la mañana y el sol se filtraba en su oficina por el gran ventanal. Una vista digna de la oficina del presidente de la empresa.
-¿Esto es real?- cuestiono Tessa a su lado. O mejor dicho, James, su fiel asistente.
-Al parecer… -expulsa el aire que no sabia que estaba conteniendo – sí.
-¿Cómo?
-No lo sé- admite – el usuario es anónimo. -lo piensa – quizás tengamos a alguien ayudándonos
-¿Nuestro ángel guardián?
-Quien