Elara frunció ligeramente el ceño. —¿No fuiste anoche? —preguntó.
Elara recordó cómo Rosalle había aparecido, insistiendo en que quería acompañarlo.
Tristan resopló con frialdad y dijo con voz grave: —Te fuiste tan rápido. ¿Sugieres que vaya solo?
Miró su reloj y arqueó las cejas antes de decir: —¡Justo a tiempo! ¡Es hora de irnos!
Elara miró la hora y se negó rotundamente, diciendo: —Lo siento, tengo una cita. Puedes buscar a alguien que te acompañe. Yo pago.
Tristan se detuvo bruscamente, con