Elara se quedó atónita. La gente a su alrededor giró la cabeza para mirarla.
Irse ahora le parecería de mala educación. Incluso había bailado con él, así que pensó que fingir preocupación no sería descabellado.
Tras una breve pausa, no tuvo más remedio que darse la vuelta. —¿Tristan, estás bien?
Ella extendió la mano para ayudarlo a levantarse, pero Tristan estaba sentado en el sofá y no soltó el brazo de Elara. En cambio, lo agarró con fuerza. Elara no pudo zafarse.
Ella pensó: "¿Qué demonios?