Hubo silencio durante unos segundos. Entonces Elara soltó una risita. Sus ojos parecían empañados en la oscuridad de la noche, con una mirada tierna y juguetona. Dijo: «No es que sea blanda. Me trató así por tu culpa. ¡Al fin y al cabo, es tu culpa!».
Louis la miró fijamente y sonrió con impotencia, como si estuviera justificando su comportamiento irracional. Preguntó: "¿Cómo puede ser culpa mía?".
Los dos se sonrieron. Elara se apartó el pelo de la oreja con naturalidad.
Louis se puso de pie.