Leandro se siente atado de pies y manos ante su realidad; imagina lo que puede estar sintiendo y pensando la pelicastaña. Él mismo se ha sentido igual. Cada vez, está más cerca la fecha de su boda y cada vez más, se siente inseguro de si debe casarse con Ester.
Alba no sólo era la primera mujer que lograba seducirlo siendo sencilla y humilde, sino que sus labios y su cuerpo lo habían hecho estremecer como ninguna otra mujer antes.
Ella era diferente, diferente y única.
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