Luego de aquella reunión en el casino, Marcos no deja de mirar con otros ojos, la belleza de Alba.
No era sólo su rostro o su cuerpo lo que le atraían de ella, era también su inteligencia para resolver los asuntos de la empresa y su creatividad.
—Alba, venga a mi oficina —dice presionando el botón del intercomunicador.
—En seguida —contesta ella, se pone de pie y se dirige a la oficina. Toca la puerta antes de entrar, luego abre cautelosa.
Marcos levanta el rostro y repasa la figura de pie a