Durante toda la semana, Camilo estuvo visitando como de costumbre a Lucía. Llegaba siempre con algún manjar que su madre había preparado para dárselo.
—Gracias, Camilo. Siempre tan gentil. Aún no entiendo porque mi nieta no se casa contigo. —Camila quien está sentada en el sofá escucha la conversación con tedio.
Desde que su madre, le ordenó mantenerse alejada del apuesto chico, ella la ha obedecido. Pero no puede evitar las continuas sensaciones que le provoca el recuerdo de aquel beso.
—No