Muerdo el lóbulo de su oreja y la halo.
—¿Para eso es la ducha?
—No, eso es para no creas que estos es un sueño, no me basta con hacerte mojar entre las piernas.
Poso mis manos en su cintura y subo una por la parte delantera de su cuerpo hasta obtener uno de sus senos en mi mano, masajeo con delicadeza y al mismo tiempo mi nariz se aferra a su piel inhalando su aroma, ella es mi droga.
Tomo confianza a su cuerpo ajeno y bajo mi mano metiéndola entre sus piernas, está extremadamente empapada