Enrique queda atónito frente aquella inesperada visita. Lo poco que sabía de Alba y su familia, era que sus abuelos se ocuparon de criarla. Aún así, accede a escuchar qué desea esa mujer y qué está haciendo allí.
—¡Siéntese por favor! ¿Dígame que se le ofrece?
—¡Gracias! —toma asiento, se arregla en el vestido, cruza sus piernas.— Vine a conocer al hombre que pretende casarse con mi hija.
—¡Bien! Como debería saber, apenas Alba y yo nos hemos comprometido. Por otra parte, no tengo como comprob