Capítulo 27. Sin salida
Por un momento me sentí feliz y vengada. Pero cuando entré por la puerta de la casa de Augusto, me encontré cara a cara con la realidad.
Mi hermana tenía envidia de una relación que no existía.
Yo vivía en esa casa como una compañera de cuarto que, por casualidad, dormía en la misma cama que el dueño.
Ese era el ambiente de Augusto, su territorio. Yo era solo compañía temporal. Lo único que delataba mi presencia era la ropa en el clóset. Todo lo demás era de él, y yo no era nadie ahí.
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