Capítulo 24. Guerra de hermanos
Escuché los tacones de Diana repiqueteando en el piso antes de que abriera la puerta de mi oficina —sin tocar, como siempre. Una costumbre muy popular entre los miembros de mi familia.
—¿A quién pretende engañar Augusto con ese teatrito? ¿De verdad cree que inventarse ese matrimonio va a hacer que papá lo acepte en el consejo? —dijo ella, furiosa, caminando de un lado a otro.
Augusto quizás no convencía a nadie con el compromiso, pero había conseguido lo que quería: poner a Diana furiosa. En e