XVII. Cenando con el Sr. Wilde
Justo cuando lo escuché ya finalizando la videollamada, tocaron la puerta y debería ser para traer la comida.
Me levanté y le abrí al Sr. Collins, que venía con dos carritos llenos de platos con charolas de plata tapados, aun así, se filtraba un delicioso aroma a comida y ya estaba salivando, en realidad tenía hambre y no soy de las que le gusta andar picando cosas antes de comer.
Me hice a un lado para que pasaran el mayordomo y otra empleada y los vi abrir una gran puerta doble, que estaba en